-Vaya
princesita que tenemos aquí, soltó mientras ponía una mano en mi mejilla. Sus
manos eran peludas y ásperas por lo que aparte la cara en cuanto me hubo
rozado. ¿Tu novio te ha dejado aquí tirada?
-Así
es, respondí. Por lo menos me ahorraba una excusa que buscar.
-Pues
si quieres te llevo a una gasolinera donde puedas llamar a tu mamá para que
venga a recogerte.
Sonreí ante la idea. Supongo que en esa
gasolinera, como decía, habría gente para almorzar.
-Pero
te aviso que yo cobro al final del trayecto, muñeca, me advirtió mientras
enarcaba una ceja. No sé si me sigues, esto último lo dijo susurrando.
Asentí, aunque la verdad no comprendía a qué
se refería. Nos subimos al automóvil. Corría una brisa desconocida ahí dentro
que descubrí que salía por unas rejillas situadas en lugares estratégicos. Se
escuchaba música infernal que él cantaba a plena voz. De vez en cuando, el
conductor me miraba y se mordía el labio sonriendo. Era muy raro. Pero me
divertía ver esa expresión cómica. Aunque cuando hacía tal gesto dejaba al
descubierto su garganta, provocando que me ardiera la mía por la sed. Pero
procuraba distraerme para no abalanzarme. Mientras miraba por la ventana, de
repente, su mano se posó en mi muslo. Mi cara mostró mi sorpresa ya que era lo
que hacía Clyde cuando quería subir al dormitorio en mi época. ¿Acaso quería
eso? Supongo que no iba enserio, no iba a hacer tal cosa, y menos con aquel
enclenque. Quité su mano de mi pierna, dejándole entender que no tendría lo que
buscaba, al menos no de mí. Se le veía incómodo y nervioso. Sus ojos iban de un
lado a otro de la carretera intranquilos. Abría la boca con la intención de
decir algo pero de inmediato la volvía a cerrar como si se hubiera arrepentido.
-¿De
dónde has sacado ese trapito?, me bombardeó.
No entendía a lo que se refería por lo que le
lancé una expresión de incomprensión.
-Me
refiero a la ropa que llevas, ¿Vienes de alguna fiesta o es que eres de otra
época?, esto último lo dijo en tono sarcástico y seguido una risita histérica.
- Lo
segundo, le respondí sonriendo. Este chico me ponía las escusas en bandeja, sin
darme opción a entrenarme para el
futuro.
-Ya
veo…
De repente una especie de edificio asaltó mi
campo de visión. No tenía más de una sola planta, era blanco y estaba lleno de
coches como en el que iba, pero de diferentes modelos. No estaba muy lejos.
-Parece
que hemos llegado, proclamó.
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