miércoles, 12 de diciembre de 2012

Capítulo 3: Heridas por Gritos


-¿Pero qué has hecho? Lo has echado todo a perder. No volverás a ser la misma después de la sangre humana. ¿Se puede saber que has hecho? ¿Eres consciente de tus actos? ¡Teníamos una vida perfecta y lo has echado a perder todo!, mientras hacía su discurso soltando las palabras sin pausa, la vena de su cabeza se hinchó así como las de su cuello.

Decidí hacerle frente y decirle lo que pensaba durante estas últimas semanas.

-¿Perfecta? ¿A ti te parece esto una vida perfecta?, le grité, ¡Vivimos en una ruina de casa, por llamarlo de algún modo, comemos ratas y toda clase de bichos que me provocan náuseas y no podemos ver el maldito sol ni una sola vez! Vuelve a decir que tenemos una vida perfecta y te parto el cuello. ¡Maldita sea Clyde! ¡Tenía una mansión para mí sola, tenía numerosos criados, tenía dinero y sobre todo tenía manjares a todas horas! ¡Yo sí que tenía una vida perfecta!

-Vaya, así que es culpa mía que no tengas lujos a tu alcance ¿Eh? ¡Tan sólo hice lo que tú me pediste! ¡Jamás te hubiera convertido de no habérmelo pedido! ¡Así que siento no ser lo bastante bueno para ti, princesita!

-¿Enserio? Así que quieres decir que tu vida habría sido mejor si no me hubieras convertido ¿Verdad? Que hubieras podido vivir perfectamente sin mí ¿Es eso? Pues espero que sea cierto, porque me voy ¡Y no quiero volver a verte nunca! ¿Me oyes? ¡Nunca!

Me fui, dando un portazo al salir que hizo que la puerta, al rebotar, cayera como una hoja. No me llevé nada más que lo puesto. Corrí sin destino alguno lo más lejos posible de él. A lo lejos oí su voz maldiciéndome como nunca lo había hecho. Jamás pensé que esto iba a acabar así. Sabía que ya no sentía lo mismo por él y pretendía dejar nuestra idílica relación, pero no así. ¿Qué demonios iba a hacer ahora? Me paré en seco ante la eterna cuestión que asalta a cada persona al menos una vez en la vida. No sabía cómo enfrentarme a ella. Tomé aire y lo expiré lo más calmadamente posible. En el silencio sólo se escuchaba una cascada no muy lejana a mi posición. Decidí ir a su encuentro. Cuando llegué, me percaté de que era nuestra ducha particular en la cual jugábamos, nos besábamos y demostrábamos nuestro amor diariamente. Me senté sobre la roca a seguir con mi lucha interna cuando de repente los gritos de la pelea regresaron a mi memoria. Sin quererlo los sollozos llegaron seguidos de lágrimas que, después de casi cien años, volvieron a su cauce. No podía imaginar una vida sin Clyde puesto que lo había sido absolutamente todo durante el último siglo. Él siempre sabía lo que hacer, lo que decirme, lo que cazar y sobre todo dónde ir. Intenté pensar en lo positivo como que era tan hábil como él, tan rápida y fuerte como él, tan intuitiva como él. Tan sólo me faltaba decidir qué hacer. Pensé en las necesidades que tendría, y de las que había prescindido durante todo este tiempo, como por ejemplo sangre humana, una casa de verdad y, si podía ser, grande, ropa nueva ya que ir con un vestido de principios de siglo no me parecía indicado en tema de comodidad y además era muy antiguo por lo tanto estaba desgastado. De momento me conformaba con eso. Bien, ahora debía pensar qué lugares podrían tener lo que necesitaba. Y pensando me vino a la cabeza mi eterno deseo de vivir en una gran ciudad, dónde me confundieran entre la multitud, dónde llevar cualquier harapo no llamara la atención, dónde viviera tanta gente que no lamentarían la pérdida de un puñado de gente, dónde nadie se interesara por tu persona y que no tuviera que ir de un lado a otro al ver mis conocidos que el tiempo no tenía efecto en mí. Eso era, debía ir a una gran ciudad. Pero ¿Cómo iba a salir de este campo? Nunca había encontrado una salida. Aún así debía encontrarla. Tenía toda la eternidad por delante ¿Qué podía perder?

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