-¿Pero
qué has hecho? Lo has echado todo a perder. No volverás a ser la misma después
de la sangre humana. ¿Se puede saber que has hecho? ¿Eres consciente de tus
actos? ¡Teníamos una vida perfecta y lo has echado a perder todo!, mientras
hacía su discurso soltando las palabras sin pausa, la vena de su cabeza se
hinchó así como las de su cuello.
Decidí hacerle frente y decirle lo que
pensaba durante estas últimas semanas.
-¿Perfecta?
¿A ti te parece esto una vida perfecta?, le grité, ¡Vivimos en una ruina de
casa, por llamarlo de algún modo, comemos ratas y toda clase de bichos que me
provocan náuseas y no podemos ver el maldito sol ni una sola vez! Vuelve a
decir que tenemos una vida perfecta y te parto el cuello. ¡Maldita sea Clyde!
¡Tenía una mansión para mí sola, tenía numerosos criados, tenía dinero y sobre
todo tenía manjares a todas horas! ¡Yo sí que tenía una vida perfecta!
-Vaya,
así que es culpa mía que no tengas lujos a tu alcance ¿Eh? ¡Tan sólo hice lo
que tú me pediste! ¡Jamás te hubiera convertido de no habérmelo pedido! ¡Así
que siento no ser lo bastante bueno para ti, princesita!
-¿Enserio?
Así que quieres decir que tu vida habría sido mejor si no me hubieras
convertido ¿Verdad? Que hubieras podido vivir perfectamente sin mí ¿Es eso?
Pues espero que sea cierto, porque me voy ¡Y no quiero volver a verte nunca!
¿Me oyes? ¡Nunca!
Me fui, dando un portazo al salir que hizo
que la puerta, al rebotar, cayera como una hoja. No me llevé nada más que lo
puesto. Corrí sin destino alguno lo más lejos posible de él. A lo lejos oí su
voz maldiciéndome como nunca lo había hecho. Jamás pensé que esto iba a acabar
así. Sabía que ya no sentía lo mismo por él y pretendía dejar nuestra idílica
relación, pero no así. ¿Qué demonios iba a hacer ahora? Me paré en seco ante la
eterna cuestión que asalta a cada persona al menos una vez en la vida. No sabía
cómo enfrentarme a ella. Tomé aire y lo expiré lo más calmadamente posible. En
el silencio sólo se escuchaba una cascada no muy lejana a mi posición. Decidí
ir a su encuentro. Cuando llegué, me percaté de que era nuestra ducha
particular en la cual jugábamos, nos besábamos y demostrábamos nuestro amor
diariamente. Me senté sobre la roca a seguir con mi lucha interna cuando de
repente los gritos de la pelea regresaron a mi memoria. Sin quererlo los
sollozos llegaron seguidos de lágrimas que, después de casi cien años,
volvieron a su cauce. No podía imaginar una vida sin Clyde puesto que lo había
sido absolutamente todo durante el último siglo. Él siempre sabía lo que hacer,
lo que decirme, lo que cazar y sobre todo dónde ir. Intenté pensar en lo
positivo como que era tan hábil como él, tan rápida y fuerte como él, tan
intuitiva como él. Tan sólo me faltaba decidir qué hacer. Pensé en las
necesidades que tendría, y de las que había prescindido durante todo este
tiempo, como por ejemplo sangre humana, una casa de verdad y, si podía ser,
grande, ropa nueva ya que ir con un vestido de principios de siglo no me
parecía indicado en tema de comodidad y además era muy antiguo por lo tanto
estaba desgastado. De momento me conformaba con eso. Bien, ahora debía pensar
qué lugares podrían tener lo que necesitaba. Y pensando me vino a la cabeza mi
eterno deseo de vivir en una gran ciudad, dónde me confundieran entre la
multitud, dónde llevar cualquier harapo no llamara la atención, dónde viviera
tanta gente que no lamentarían la pérdida de un puñado de gente, dónde nadie se
interesara por tu persona y que no tuviera que ir de un lado a otro al ver mis
conocidos que el tiempo no tenía efecto en mí. Eso era, debía ir a una gran
ciudad. Pero ¿Cómo iba a salir de este campo? Nunca había encontrado una
salida. Aún así debía encontrarla. Tenía toda la eternidad por delante ¿Qué
podía perder?
No hay comentarios:
Publicar un comentario